1×42. Stonhenge y Avebury

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En este episodio de La Ruta del Misterio viajamos hasta el sur de Inglaterra para recorrer algunos de los paisajes prehistóricos más fascinantes y desconcertantes de Europa. Entre lluvia, viento y enormes llanuras abiertas, nos adentramos en la historia de Stonehenge, el monumento megalítico más famoso del mundo, intentando comprender cómo fue construido hace más de cinco mil años y por qué sigue generando tantas preguntas.
Durante la ruta hablamos sobre sus posibles funciones ceremoniales, las teorías relacionadas con la astronomía y los enterramientos rituales, el traslado imposible de sus piedras desde Gales y las muchas interpretaciones que han surgido alrededor del monumento con el paso de los siglos. También recordamos algunas de sus historias más sorprendentes, como el momento en que Stonehenge llegó a subastarse por apenas unas miles de libras.
La investigación continúa en Avebury, un lugar todavía más extenso y quizá más inquietante, donde los monolitos conviven con un pequeño pueblo inglés en mitad de un paisaje ceremonial que parece detenido fuera del tiempo. Allí recorremos sus círculos de piedra, sus leyendas y las incógnitas arqueológicas que todavía hoy rodean toda la región.
Y al caer la noche terminamos la jornada en el antiguo pub Red Lion, considerado por muchos como uno de los lugares más embrujados de Inglaterra. Entre viejas vigas de madera, pintas y el sonido del viento golpeando las ventanas, hablamos de apariciones, testimonios extraños y de la inquietante historia del pozo oculto bajo el edificio, vinculado desde hace décadas a la leyenda de Florrie, el supuesto fantasma que todavía sigue formando parte de las historias del lugar.
Un viaje entre arqueología, historia, paisaje y misterio en uno de los rincones más antiguos y fascinantes de Gran Bretaña.

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¿Qué tal amigos? ¿Cómo estáis? La verdad es que hay lugares cuya imagen uno conoce desde niño y aún así producen cierta extrañeza cuando aparecen delante de ti por primera vez. Y Stonehenge es uno de esos lugares porque lo hemos visto tantas veces en fotografías, documentales o libros de historia que parece imposible que siga siendo real.
Y sin embargo, cuando lo ves a lo lejos, aislado en mitad de aquella extensión inmensa, Lo primero que sorprende es la sensación de vacío, vacío alrededor. No hay montañas ni ciudades antiguas protegiendo, solo campo abierto y viento, mucho viento. La carretera que atraviesa la llanura de Salisbury, entre campo húmedo y suaves pendientes verdes, parecen repetirse hasta el horizonte. En algunos tramos apenas hay árboles.
Solo tierra abierta, ovejas, ovejas dispersas, por supuesto, y un cielo inmenso que cambia constantemente de color. La lluvia nos acompañó brevemente, y el aire cruzaba la llanura con tanta fuerza aquella tarde que costaba mantener una conversación sin levantar un poquito la voz. Las piedras parecían oscuras, casi negras en algunas zonas.
Las pocas veces que salía el sol parecían grises y había cuervos moviéndose alrededor del círculo con absoluta tranquilidad como si llevaran allí tanto tiempo como el propio monumento y es curioso porque Stonehenge forma parte de esos lugares sobre los que queremos saber mucho, aunque en realidad seguimos moviéndonos entre hipótesis. Bienvenidos a este nuevo capítulo de La Ruta del Misterio, en el que viajamos a Inglaterra, al sur de Inglaterra. En nuestro viaje a Londres nos escapamos hasta uno de los monumentos más conocidos del mundo, Stonehenge, y se lo contamos ya.
Sabemos de Stonehenge cuando empezó a construirse, sabemos de dónde proceden algunas piedras, también cómo evolucionó a lo largo de los siglos, pero todavía hoy nadie puede afirmar con absoluta seguridad cuál era su función exacta ni por qué distintas comunidades dedicaron generaciones enteras a levantarlo y modificarlo.
Los primeros trabajos comienzan aproximadamente hacia el año 3000 a.C. A veces cuesta colocar mentalmente esa fecha. Cuando los habitantes de aquella región empezaron a excavar el gran círculo de tierra original, las pirámides de Egipto, por ejemplo, aún no existían. Roma tardaría todavía más de 2000 años en aparecer y ni siquiera en Gran Bretaña se conocía la escritura.
Aquellas personas, por supuesto, Como no podía ser de otro modo, no dejaron documentos, no dejaron nombres propios ni relatos sobre lo que estaban haciendo. Todo lo que sabemos procede de la arqueología, de restos humanos, de herramientas dispersas y de la propia disposición del lugar. Y es que Stonehenge al principio ni siquiera tenía piedras. La primera fase…
Consistía sobre todo en un gran recinto circular rodeado por un foso y una serie de cavidades conocidas como los agujeros de Obri. Durante mucho tiempo se discutió para qué servían exactamente. Algunos investigadores creen que pudieron contener postes de madera, otros que tenían una función ritual o funeraria. Lo que sí parece claro es que desde muy pronto aquel espacio estuvo vinculado a ceremonias.
Y a enterramiento. De hecho, Stonehenge alberga uno de los cementerios crematorios más antiguos conocidos de toda Gran Bretaña. Y esto cambia bastante la percepción del lugar, ya que cuando caminas por allí tiendes a imaginar Stonehenge como un observatorio astronómico gigantesco. Es lo que nos han contado, lo que hemos leído. O incluso como un templo misterioso aislado del mundo de los vivos, cuando probablemente…
También fue un espacio profundamente relacionado con la muerte, con la memoria y con los antepasados. Las enormes piedras llegarían siglos después. Primero aparecieron las llamadas Blue Stones, unas rocas volcánicas procedentes del oeste de Gales, de las colinas de Preseli, situadas a más de 200 kilómetros de distancia. Incluso hoy el trayecto resulta largo, así que pensar en transportar bloques de varias toneladas a través de montañas, bosques y ríos sin ruedas

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Alberto Cerezuela

Soy escritor, editor y creador de La Ruta del Misterio. Recorro lugares con historia para contar lo que todavía sigue dejando preguntas.

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Novelas, investigación y relatos nacidos de lugares donde siempre queda algo por contar.