1×14 La luz de Alcolea y los fuegos malditos de Laroya

La luz de Alcolea

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En este capítulo de La Ruta del Misterio regresamos a la tierra de Alberto Cerezuela para adentrarnos en dos de los enclaves más inquietantes de Almería: Alcolea y Laroya.

En Los Llanillos exploramos el escenario donde, desde hace décadas, vecinos y viajeros aseguran haber visto una luz que flota, late y aparece en los momentos más inesperados. Un fenómeno que desafía a la razón y que, tras nuestro propio paso por el lugar, sigue dejando más preguntas que respuestas.

Después viajamos hasta Laroya, un pueblo pequeño donde, en 1945, comenzaron a arder ropas, herramientas, animales y paredes sin causa aparente. Aquel verano imposible atrajo a la Guardia Civil, a científicos enviados por el régimen e incluso a investigadores que, muchos años después, trataron de arrojar luz sobre uno de los casos más desconcertantes de la posguerra española.

Dos misterios sin explicación. Dos pueblos que guardan su secreto en silencio.
Acompáñanos en este viaje por la Almería más oscura, donde la historia y la leyenda siguen latiendo bajo la tierra.

Algunas personas aseguran que es más fácil verla cuando se ha producido una muerte en las proximidades.

En esas ocasiones, tras la luz, se ha podido distinguir a un misterioso hombre enlutado.

—Como una pastama de esas negras muy hartísima, un tiaco muy grandísimo, que si a aquello le echa una mano, el tío aquel tan grande, me echa mi mano y me deshace.

—Sí, sí, sí, sí.

—Esto ya hace muchos años, hace ya…

—Pues fue en el 53.

—Pues tenía yo 10 años.

—Y luego me vengo al cortijo de mi hermano a dormir y me levanto una noche con la horca y digo, voy a ver si me sale a mí el tío enlutado ese bien grande que me dio hasta miedo.

Eso es un trocito de lo que vamos a escuchar hoy en esta nueva parada de la ruta del misterio.

En este caso, y nos lo han pedido nuestros oyentes, vamos a Almería, a mi tierra, a nuestra tierra.

Vamos a un paraje llamado el paraje de Los Llanillos que está en la población de Alcolea, en la baja Alpujarra almeriense.

Es en uno de sus lugares, en un rincón perdido entre los olivos, donde el misterio ha encendido durante generaciones una llama que nadie ha podido apagar.

¿Quieren conocer la historia de la luz de Alcolea? Quédense en este nuevo capítulo de La Ruta del Misterio.

La historia me llegó por primera vez mientras revisaba prensa antigua en el archivo histórico de Almería.

Estaba yo inmerso en la escritura de mi primer libro.

Allá por el año 2007, aquel título salió al mercado con el nombre de Enigmas y Leyendas de Almería, descatalogado ya, pero una historia que queremos recuperar hoy, porque nos apetece, porque nos apetece hablar de lo desconocido que esconde nuestra tierra.

Hemos viajado por varios continentes, por muchos países detrás de esa llama del misterio, pero hoy toca encontrarla muy cerquita de donde se hace este podcast.

Andaba yo en el verano de 2007 entre los pliegos amarillentos de un diario local de finales de los 80, concretamente La Crónica, y allí había una breve nota que hablaba de un fenómeno luminoso en un paraje llamado Los Llanillos.

La noticia era corta, casi anecdótica, pero en su línea se escondía algo que me obligó a seguir tirando del hilo.

No lo sabía entonces, pero esa búsqueda me llevaría a recorrer aquel mismo lugar de noche, acompañado por el rumor de los olivos y el silencio de los que ya no están.

La historia cobró cuerpo en boca de un hombre bueno y generoso, Gabriel Moya, al que hoy recuerdo con profundo respeto.

Fue él quien nos llevó por primera vez hasta el corazón del paraje, señalándonos con paciencia cada rincón, cada acequia y cada piedra con su historia.

Había dedicado años a recopilar testimonios sobre la misteriosa luz que aparecía allí, y fue también él quien me enseñó que detrás de cada leyenda hay una verdad escondida, aunque a veces duela encontrarla.

Este episodio, más que un relato, quiero que también sea un homenaje a Gabriel Moya y a todos los que, como él, nos han acompañado en este camino de preguntas, senderos y noches sin respuestas, porque sin ellos no hubiéramos tocado, aunque fuera por la yema de los dedos, el misterio más puro.

Él nos habló de una luz que respira, una esfera que aparece cuando el campo duerme, una luz que muchos han visto y pocos se atreven a nombrar.

Sólo los documentos y los recuerdos nos abrieron aquella primera puerta.

Todo comenzó en abril de 1987, cuando Cayetano Galafat, un joven agricultor, regaba su finca y vio una esfera rojiza del tamaño de un huevo flotar entre dos olivas.

Palpitaba, casi como si tuviera un corazón propio.

Primero pensó que era una broma, se acercó y la luz se desvaneció, dejándole un silencio tan espeso que se volvió inesperado.

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Imagen de Alberto Cerezuela
Alberto Cerezuela

Editor, investigador y escritor.

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