Hay casas que, durante un tiempo, parecen dejar de obedecer las leyes normales de la realidad.
Objetos que caen sin que nadie los toque. Golpes en las paredes en mitad de la noche. Voces que aparecen donde no hay nadie. Fenómenos que durante décadas han recibido un nombre inquietante: poltergeist, el “espíritu ruidoso”.
En este episodio de La Ruta del Misterio viajamos a tres lugares de España donde, en momentos distintos del siglo XX, ocurrieron episodios que todavía hoy siguen sin una explicación definitiva.
Estaremos en Rayán, en Asturias, donde a comienzos del siglo pasado una cuna comenzó a moverse con tanta fuerza que varios hombres no pudieron detenerla. Viajaremos también hasta Zaragoza, al edificio de la calle Gascón de Gotor donde, en 1934, una voz misteriosa empezó a hablar desde una hornilla de la cocina ante decenas de testigos. Y terminaremos en Logrosán, en Cáceres, donde en los años ochenta una vivienda se convirtió en escenario de objetos que volaban, incendios espontáneos y sombras imposibles.
Tres casos diferentes.
Tres momentos de nuestra historia.
Y una misma pregunta que sigue abierta: ¿qué ocurre realmente en los fenómenos que llamamos poltergeist?
Además, os contaré cómo fue estar frente a esas casas y ese edificio donde todo ocurrió, lugares que hoy parecen completamente normales… pero que durante un tiempo hicieron que pueblos enteros se preguntaran si algo invisible estaba actuando entre sus paredes.
Porque, a veces el misterio, ocurre en la casa de al lado.

Hay fenómenos dentro del mundo del misterio que siempre regresan. Cambian los lugares, cambian las personas, cambian incluso las épocas, pero el patrón se repite. Objetos que se mueven solos, golpes que nadie provoca, sombras que aparecen donde no debería haber nada, casas donde, durante un tiempo, parece que la realidad pierde su estabilidad. A este tipo de episodios se les dio hace más de un siglo un nombre alemán, Poltergeist.
Literalmente, espíritu ruidoso, un término que intenta describir algo que todavía hoy sigue sin encajar del todo en nuestras categorías. Porque cuando uno repasa estos casos, con calma, descubre una curiosidad. Casi nunca hablan de apariciones claras, ni de fantasmas que se dejan ver. Hablan de otra cosa, de energía, de violencia invisible, de cosas que de pronto parecen cobrar vida. Durante años me he encontrado con esta historia en libros, archivos, recortes de prensa, incluso la película, la recordarán ustedes, la de Spielberg.
Poltergeist. Y también no hemos encontrado con todo esto en viaje, porque parte del trabajo y también del placer de la ruta del misterio consiste en ir hasta los lugares donde ocurrieron estas cosas.
Caminar por las calles, detenerse frente a esas paredes, escuchar lo que todavía recuerdan quienes viven allí. Y eso es exactamente lo que hemos hecho en los últimos años con los tres casos de los que hoy vamos a hablar. Hemos estado en Rayán, en Asturias, en aquella aldea donde una casa humilde fue escenario de uno de los primeros fenómenos de tipo poltergeist documentado en España. Hemos estado en Logrosán, en Extremadura.
Frente a la vivienda de la calle Teatro, donde en los años 80 los objetos parecían volar sin motivo y los incendios espontáneos desconcertaron a todo un pueblo. Y también, por supuesto, hemos estado en Zaragoza, frente al edificio de la calle Gascón de Gotor, donde en 1934 una voz comenzó a hablar desde una hornilla de la cocina. Tres lugares distintos en tres épocas diferentes, tres historias que, sin embargo, comparten una misma sensación, la de que durante un tiempo algo rompió la lógica cotidiana. El caso del Duende de Zaragoza es especialmente fascinante por muchas razones.
Ocurre en el año 34, en una España donde la información viajaba mucho más despacio que hoy. No existían redes sociales, ni televisión, ni la maquinaria mediática actual. Y aún así, aquella historia logró cruzar frontera y aparecer incluso en la prensa internacional. Durante semanas, una ciudad entera vivió pendiente de una voz que salía de una chimenea. Eso dice mucho sobre el poder que tienen estos episodios para capturar la imaginación colectiva.
Hoy vamos a recorrer esos tres escenarios, tres historias que forman parte del misterio español y que, de algún modo, mezclan también tres momentos distintos en la forma en que la sociedad se enfrenta a lo inexplicable. Sé que muchos de vosotros estabais esperando hoy los capítulos especiales sobre el viaje que acabamos de hacer por Estados Unidos y os prometo que llegarán muy pronto, la semana que viene. Ahí queda esa promesa, pero hemos decidido reservar todo este material.
Para el mes de abril estamos editando horas de grabación, ordenando notas, viendo vídeos, revisando imágenes y sobre todo intentando asimilar algunas de las cosas que allí vivimos. ¿Por qué hay viajes que no se cuentan inmediatamente? Primero hay que entenderlo. Mientras tanto íbamos a detenernos en tres casas españolas donde durante un tiempo los objetos se movieron solos, las voces aparecieron donde no debía haber nadie y la realidad pareció comportarse de una forma distinta.
Tres casos de Poltergeist, tres historias que siguen abiertas y tres lugares donde si no se queda en silencio el tiempo suficiente, quizá todavía se pueda imaginar lo que ocurrió en esas paredes. Comenzamos este nuevo viaje en la Ruta del Misterio.
Existen episodios que surgen en un lugar concreto en un momento preciso y que durante un tiempo logran poner en duda algo que solemos dar por seguro y es que el mundo es comprensible la historia del duende de zaragoza es bastante incómoda porque no una leyenda del medieval ni un cuento transmitido durante generaciones ocurrió en pleno siglo XX ante testigos, policías, médicos, arquitectos y periodistas, quedó recogida en informes oficiales, en periódicos y en conversaciones que todavía hoy sobreviven en la memoria colectiva de la ciudad. Y lo más inquietante de todo es que empezó de la forma más…