1×41. Aurora

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En este nuevo episodio de La ruta del misterio viajamos hasta Aurora, Texas, para adentrarnos en uno de los casos más extraños y olvidados de la historia del fenómeno ovni. Mucho antes de Roswell, en 1897, un pequeño pueblo marcado por la decadencia, las epidemias y el abandono del ferrocarril aseguró haber visto caer del cielo una misteriosa aeronave. La noticia habló de un choque contra un molino, de restos esparcidos por el terreno, de un piloto “no de este mundo” y, lo más inquietante de todo, de un entierro con ritos cristianos en el cementerio local.
Noelia y yo hemos estado allí, recorriendo el pueblo, visitando el cementerio y respirando la atmósfera de un lugar donde la historia y la leyenda siguen mezclándose de una forma difícil de explicar. En este capítulo repasamos paso a paso todo lo ocurrido: el contexto de la época, la gran ola de avistamientos de “zepelines” en Estados Unidos, la noticia original, la tumba del supuesto piloto, los intentos de abrirla y las teorías que apuntan tanto a un gran fraude periodístico como a uno de los episodios más inquietantes del siglo XIX.
¿Fue Aurora una broma nacida en un pueblo moribundo? ¿O estamos ante el primer gran crash ovni de la historia?
Un viaje fascinante a un lugar donde el misterio sigue enterrado bajo tierra.

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¿Qué tal amigos? ¿Cómo estáis? Nosotros, mientras se está emitiendo este programa, ahora mismo estamos en Londres, recorriendo esta gran ciudad en busca, como sabéis, de misterios. Y también nos hemos alejado un poquito en días anteriores. Hemos estado en Stonehenge, hemos estado en el famoso Hotel Red Lion, quizá el hotel con fenómenos extraños más famoso.
De todo Reino Unido. Lo contaremos en los próximos capítulos de La Ruta del Misterio. Pero hoy toca, nos vamos a detener en una pequeña población de Texas. En Aurora. Sí, Aurora. Ahí puede ser que esté, que se esconda la historia más extraña y rocambolesca que nos hemos encontrado en toda La Ruta del Misterio que estamos haciendo.
Tiene que ver con la caída o la supuesta caída de una nave espacial. Con un extraterrestre en su interior que fue enterrado bajo un rito cristiano. Le dieron cristiana sepultura en el cementerio de Aurora. Y hoy en día, a día de hoy, mejor dicho, se puede visitar su tumba. Sí, como oye y como van a oír. Pero antes de nada…
Tenemos que entrar en contexto, así que sin más dilación comienza ya este nuevo capítulo, esta nueva parada de nuestra ruta del misterio.
A finales del siglo XIX, Estados Unidos vivía suspendido entre la fiebre del progreso y el vértigo de lo desconocido. Era un país que crecía a unas velocidades comunales, con ciudades que se ensanchaban, industrias que transformaban la vida cotidiana y periódicos que convertían cualquier novedad en espectáculo. Y esto es muy importante para la historia que vamos a tratar hoy en la Ruta del Misterio. La ciencia y la técnica habían pasado a formar parte…
Del imaginario popular. Se hablaba de inventores prodigiosos, de máquinas imposibles, de motores que pronto cambiarían el mundo. Había una auténtica obsesión con la conquista del aire. Mucho antes de que los hermanos Wright lograran su vuelo en 1903, la imaginación estadounidense ya se había adelantado.
Revistas, novelas populares, prensa, todo alimentaban diariamente la convicción de que alguien en alguna parte estaba a punto de construir el primer gran aparato volador práctico. Ese clima, un clima de expectativa, fue esencial para entender la llamada oleada de airships o cepelines, aunque en realidad no eran cepelines en el sentido estricto, sino aeronaves misteriosas que la gente describía con el lenguaje que tenía a mano.
Todo esto, esta oleada, esta fiebre recorrió el país entre 1896 y 1897. La literatura especializada sitúa…
Esa oleada en dos grandes fases, una iniciada en California en noviembre de 1896 y otra que se prolongó entre enero y mayo de 1897, mientras los periódicos amplificaban rumores, testimonios y hasta historias inventadas la mayoría de veces para aumentar la tirada.
Robert Bartolomeu en Skeptical Inquirer subrayó que aquel fenómeno se desarrolló en un entorno de amarillismo periodístico, ansiedad social y obsesión con las invenciones mecánicas y recordó además que la prensa estadounidense llegó a publicar centenares de noticias sobre un supuesto inventor secreto cuya nave estaba a punto de revolucionar el transporte. En ese ambiente la gente empezó a mirar al cielo con otro ojo.
Ya no observaba simplemente las estrellas, los cometas o los fenómenos atmosféricos. Miraba esperando una máquina. Esa era una idea obsesiva. Durante la oleada de 1896 y 1897, muchísimos testigos creyeron ver aparatos alargados, focos brillantes, estructuras metálicas, todo eso lo contenían estos aparatos, alas, hélices, incluso…
Tripulantes a bordo. Los relatos se movían entre lo visionario y lo absurdo. Algunos hablaban de naves que avanzaban lentamente sobre los pueblos. Otros describían objetos que cambiaban de dirección de forma brusca. Y tampoco faltaron historias de pilotos que conversaban con testigos en la Tierra y aseguraban que su invento estaba a punto de cambiar el mundo. En algunos testimonios, esos ocupantes parecían hombres corrientes vestidos de forma peculiar, pero en otros…

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Alberto Cerezuela

Soy escritor, editor y creador de La Ruta del Misterio. Recorro lugares con historia para contar lo que todavía sigue dejando preguntas.

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Novelas, investigación y relatos nacidos de lugares donde siempre queda algo por contar.