En este episodio de La Ruta del Misterio, recorremos los lugares donde la historia de Jesse James dejó de ser una historia del Oeste para convertirse en una leyenda y, a la vez, una gran herida abierta en Estados Unidos, presente a día de hoy.
Desde las carreteras de Missouri y Kansas hasta la granja familiar de Kearney, la casa de St. Joseph donde fue asesinado y el extraño museo de cera de Stanton, seguimos la pista de un hombre marcado por la Guerra Civil, la violencia de frontera, los asaltos a bancos y trenes, y una fama que la prensa convirtió en mito.
Jesse James murió oficialmente el 3 de abril de 1882, abatido por la espalda por Robert Ford. Pero su historia no terminó allí. Durante décadas, surgieron versiones que aseguraban que había sobrevivido bajo otra identidad, alimentando teorías, tumbas discutidas y atracciones de carretera donde la historia documentada y la leyenda popular todavía se miran de reojo.
Un viaje por casas, caminos, vitrinas y silencios para acercarnos al verdadero Jesse James: no el héroe romántico de las canciones, sino el hombre real que la guerra, la prensa y el tiempo transformaron en fantasma americano.

¿Qué tal amigos? ¿Cómo estáis? Retomamos nuestras peripecias, nuestras aventuras en Estados Unidos. Ya sabéis que os debo, siempre lo digo, pero os debo una serie de capítulos narrando toda la Ruta 66. Bueno, pues esto tiene que ver en parte con ese viaje y en parte con algunos de los desvíos que hicimos en busca del misterio. Hoy… Vamos a hablar de dos nombres propios, Jesse James y Billy, el niño dos forajido estadounidense. Dos nombres de película, de leyenda, cuyos pasos seguimos en nuestra escapada, nuestra última escapada a Estados Unidos. Bienvenidos a este nuevo programa de La Ruta del Misterio. ¡Comenzamos! Un cartel visto desde el coche. Una fachada detenida en otra década. Fue la primera vez que el nombre de Jesse James apareció durante nuestro viaje. De forma discreta, más propia de la carretera norteamericana, que tantos kilómetros o tantas millas ya habíamos visto. Un edificio bajo, con aspecto de haber vivido de los viajeros que paraban sin haberlo planeado.
De esos sitios que uno va encontrando en Estados Unidos cuando se sale un poco del itinerario limpio de los mapas. Museos familiares, tiendas de recuerdos, atracciones cerradas, figuras de cera, fotografías amarillentas. una bandera moviéndose despacio junto a la entrada. Un lugar abandonado o casi una especie de museo de cera dedicado a Jesse James. Y la memoria a veces conserva mejor la atmósfera que la dirección exacta. Aquel sitio estaba en Missouri, cerca de Stanton, junto a Meramex Caverns, en la zona donde la Ruta 66 dejó una forma muy particular de contar el pasado. Allí estuvo el Jesse James Wax Museum, un museo dedicado al forajido a su asalto a la guerra civil. y a una teoría que durante años alimentó conversaciones, libros, folletos turísticos y discusiones de sobremesa. La posibilidad de que Jesse James no hubiese muerto en 1882. La puerta, el polvo, las figuras inmóviles, los carteles antiguos, todo parecía hablar de un país que convirtió su herida en atracción de carretera, como tantas veces hace.
No era un museo al uso para nada. Aquel lugar formaba parte de otra tradición norteamericana, la de los bordes de autopista, donde la historia se mezcla con leyenda, donde el visitante compra una entrada para mirar algo que quizá no sea verdad, pero que tampoco se deja apartar del todo. Fueron este tipo de lugares los que más disfrutamos de nuestra aventura por la Ruta 66. Así que Jesse James aparece de vez en cuando, por ahí en esta aventura. entre la historia bien documentada y la versión que alguien sigue queriendo creer. Para llegar a él hay que empezar lejos del decorado de las películas. No estamos en Arizona. No, estamos en un duelo bajo el sol. Jesse James está en otro territorio. Su raíz está en Missouri, en Kansas, en la frontera rota por la guerra civil, en granjas aisladas, caminos de barro, hay rencores familiares y periódicos que aprendieron pronto a convertir la violencia en relato. Jesse James nació el 5 de septiembre de 1847 en el condado de Clay, cerca de Kearney, en Missouri.
Hoy se puede visitar la James Farm, que es la granja familiar. Pero quien llega allí buscando al pistolero de los carteles quizá se encuentra primero con algo más humilde de una casa. Tierra alrededor, árboles, objetos domésticos, fotografía… y sobre todo la escala real de una vida construida antes del mito. Y eso siempre cambia la mirada. La casa no necesita exagerar nada. Su fuerza está en lo humano, en los tablones, en la distancia entre las habitaciones, en el campo alrededor. Mira el paisaje y piensa en la cantidad de veces que la historia empieza en sitios pequeños sin advertir a nadie de lo que vendrá después. Jesse era hijo de Robert James, predicador baptista, y de Zerelda Cole, una mujer de carácter fuerte que acabaría ocupando un lugar muy importante en la leyenda familiar. El padre muere cuando Jesse era pequeño, así que la madre vuelve a casarse. La familia queda anclada a un padre.