1×17 El fantasma de la Diputación de Granada y el exorcismo del Albaicín

exorcismo del Albaicín

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En este episodio de La Ruta del Misterio viajamos al corazón más oscuro de Granada para explorar dos de sus casos más inquietantes y mejor documentados.

Primero descendemos a los sótanos de la antigua Diputación de Granada, donde funcionarios, vigilantes y parapsicólogos presenciaron fenómenos que aún hoy estremecen: luces imposibles, objetos que volaban, mordiscos invisibles, psicofonías inquietantes y el rostro de un sacerdote —el llamado Padre Benito— formando una figura de humo en una pared donde aparecieron restos humanos. Un caso oficial, con nombres, informes, artículos y un edificio marcado por un pasado que se resiste a desaparecer.

Después nos adentramos en el exorcismo del Albaicín, la historia real que conmocionó Andalucía en 1990. Encarnación Guardia Moreno murió creyendo llevar en su interior al hijo del demonio, en un ritual que mezcló fanatismo, superstición y horror físico. Una tragedia que aún pesa sobre la calle San Luis y que dejó tras de sí un juicio, una autopsia inexplicable… y un barrio que sigue evitando pronunciar su nombre.

Prepárate para un capítulo intenso donde la historia, la oscuridad y la verdad se encuentran cara a cara.

¿Qué tal, amigos? ¿Cómo estáis? Esta semana, en La Ruta del Misterio, viajamos a una ciudad con mucha historia. Viajamos hasta Granada.

Granada tiene lugares llenos de belleza, otros llenos de historia, otros llenos de leyenda, y todos confluyen bajo el eclipse de algo muy antiguo: un temblor bajo la piel, una presencia que no se puede explicar con palabras.

Hablamos —y conoceremos— la antigua Diputación de Granada, en plena calle Mesones. Hoy empezamos este programa visitando un lugar que ya no tiene nada de diputación, pero, quién sabe, se guarda mucho misterio.

Como les cuento, el escenario está en plena calle Mesones, en el centro de Granada. El edificio que hoy alberga el Catastro fue antes muchas cosas.

Primero, una mezquita en época nazarí. Después, la iglesia de la Magdalena, con su cementerio al lado. Más tarde, almacenes como La Magdalena, donde uno de los propietarios llegó a ahorcarse de una viga del antiguo templo. En los años 70, los almacenes Woolworth, una gran cadena internacional.

Durante las obras para adaptarlo a esos grandes almacenes, los obreros encontraron algo que ya marcó el tono del lugar: restos humanos emparedados en un muro, incluyendo varios esqueletos de recién nacidos junto al de un adulto.

El arquitecto Antonio Rodríguez relató que algunos ladrillos no eran originales, como si alguien hubiera tapiado deliberadamente esos cuerpos a principios del siglo XX. Además, bajo el suelo existían hornacinas y espacios que habían funcionado como osarios o pequeños nichos. Cuando, años después, se removió esa zona, volverían a aparecer restos óseos, al parecer, de niños.

Woolworth cerró y, en 1985, el edificio pasó a ser sede administrativa de la Diputación de Granada. A partir de ahí, todo se dispara: funcionarios al límite, poltergeist de oficina.

Casi desde el primer momento, los trabajadores empezaron a hablar de cosas que, en teoría, no pasan en un edificio administrativo normal:

  • Máquinas de escribir que se ponían a teclear solas de madrugada.
  • Ascensores que se movían sin que nadie los llamara.
  • Archivadores metálicos que se abrían con violencia y se desplazaban como empujados por alguien.
  • Desapariciones de objetos, golpes, gritos, cambios bruscos de temperatura.

Los vigilantes nocturnos también comenzaron a dar la voz de alarma. Uno de ellos, José María Moya, aseguró que una noche, dormitando en el sofá de recepción, un aura luminosa se posó sobre él, paralizándolo. Sintió que se moría.

Logró moverse de golpe y salió huyendo a la calle, sin volver a entrar hasta el amanecer.

Otro testimonio hablaba de tirones de pelo con una mano invisible que lo agarraba. Archivadores que salían disparados. Golpes en las paredes cuando el edificio estaba vacío. El malestar llegó a tal punto que varios funcionarios plantearon formalmente que no podían seguir trabajando allí.

En ese contexto, la Diputación de Granada tomó una decisión insólita: permitir la entrada de un grupo de parapsicólogos. Y esto, seguro que ustedes lo saben, en el mundo del misterio no es para nada normal.

¿Qué les ocurrió? Lo vemos en unos segundos.

En diciembre de 1986, la Asociación Parapsicológica Omega, con apoyo de investigadores de la Universidad de Granada, recibió un permiso oficial para investigar el edificio durante tres noches consecutivas.

El equipo estuvo encabezado por Juan Burgos, con la mediación del vicepresidente de la Diputación, José Luis Medina.

Lo que recogen esas crónicas, y lo que luego repasaría el periodista Juan Enrique Gómez en Diario Ideal y en su libro «El fantasma de Diputación», parece sacado de un expediente clásico de poltergeist: luces y actos inexplicables.

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Imagen de Alberto Cerezuela
Alberto Cerezuela

Editor, investigador y escritor.

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