Carroll Avenue es, quizá, una de las calles más mágicas y cinematográficas de Los Ángeles. Pasear por ella es hacer un viaje en el tiempo al siglo XIX, cuando el barrio de Angelino Heights se levantaba como uno de los primeros suburbios elegantes de la ciudad. Sus casas victorianas parecen escenarios detenidos en una postal, y lo cierto es que muchas de ellas lo son. A veces uno se pregunta si no habrá algo de encantamiento en el aire, porque basta detenerse frente a cualquiera de estas fachadas para sentir que el tiempo se estira, que las paredes susurran y que, por un momento, la ficción y la realidad se confunden.

En la esquina más famosa se encuentra la Sessions House, construida en 1889 y perfectamente restaurada. Fue la residencia de los cambiaformas en la serie Embrujadas, los demonios que intentaban robar el Libro de las Sombras a las hermanas Halliwell. Cruzar la calle y mirar hacia el número 1329 es toparse con la icónica Innes House, que para los fans de la serie es, simplemente, la Mansión Halliwell. Con su fachada roja, sus detalles blancos y su inconfundible aire victoriano, se convirtió en el hogar ficticio de Prue, Piper y Phoebe. En realidad, es una de las primeras casas de la calle y está protegida por el área de conservación de Los Ángeles. Antes de convertirse en mito televisivo, perteneció a la familia Innes, que la habitó durante más de 40 años antes de venderla en 1920. Lo que no muchos saben es que la famosa habitación donde las hermanas guardaban el Libro de las Sombras, esa torre redonda que todos tenemos en la memoria, en realidad no está en la casa: pertenece a la ya mencionada Sessions House, justo enfrente. Magia de la televisión.

Pero la estrella más oscura de Carroll Avenue se alza en el número 1345: la Sanders House. Construida en la década de 1870 para el empresario Michael Sanders, fue testigo del auge del comercio angelino, cuando los almacenes de su dueño movían mercancías en un puerto en expansión. Declarada monumento histórico en 1971, la casa vivió su apogeo cultural en 1983, cuando se convirtió en el escenario de Thriller, el videoclip que cambió para siempre la historia de la música y la cultura pop. Dirigido por John Landis y protagonizado por Michael Jackson, aquel cortometraje de 14 minutos convirtió las calles de Angelino Heights en un desfile de zombis y transformó la música en espectáculo cinematográfico. Hoy la casa sigue en pie, algo desvencijada, con el porche crujiente y el jardín medio salvaje, pero su magnetismo no ha hecho sino crecer. Pasear por su exterior es sentir que algo acecha tras las ventanas, que en cualquier momento escucharemos la risa de Vincent Price resonando en la noche. La decadencia es parte de su encanto: sin ella, no tendría ese aire de santuario profano en el que el miedo y la fascinación se mezclan.

De Carroll Avenue saltamos a Beverly Hills, donde se alza uno de los escenarios más espectaculares de California: la Greystone Mansion. Construida entre 1926 y 1928 por orden del magnate del petróleo Edward Doheny como regalo de bodas para su hijo, la mansión es un castillo Tudor en medio de la soleada California. Sus 55 habitaciones y sus jardines simétricos han sido escenario de películas como There Will Be Blood, The Big Lebowski o The Social Network. Pero la historia de Greystone tiene una mancha indeleble: el asesinato de Ned Doheny y su secretario Hugh Plunkett, oficialmente declarado homicidio-suicidio, aunque muchos siguen sospechando que la verdad fue enterrada junto a ellos. Hoy la mansión es un parque público, un lugar donde las familias pasean sin sospechar que, bajo el césped impecable y las fuentes, hay un pasado de sangre y secretos.
Y si Greystone parece sacada de una novela gótica, la Casa Spadena parece salida de un cuento de los Hermanos Grimm. Situada en la intersección de Walden Drive y Carmelita Avenue, en pleno Beverly Hills, esta “Casa de la Bruja” es una joya del estilo Storybook, con techos torcidos, ventanas diminutas y un jardín que parece diseñado para perderse en él. Fue construida en 1921 para servir como oficinas y camerinos de los Willat Studios, donde incluso se rodaron películas mudas como Hansel y Gretel. Tras el cierre del estudio, Ward Lascelle compró la estructura y la trasladó —no sin esfuerzo— a su ubicación actual, convirtiéndola en una casa habitable. Décadas después, la familia Spadena la convirtió en leyenda, y desde entonces ha sobrevivido gracias a restauraciones cuidadosas. Hoy pertenece al agente inmobiliario Michael J. Libow, que ha dedicado años a mantener su espíritu intacto. Visitarla es asomarse a un mundo paralelo: la verja advierte “por favor, no acercarse”, firmada por la bruja, como si el cuento siguiera vivo.
Todas estas casas son más que madera, piedra o estuco. Son escenarios de ficción, de crímenes, de sueños y de miedos. Angelino Heights y Beverly Hills se convierten, al recorrerlos, en un museo al aire libre de lo que Los Ángeles representa: un lugar donde la historia, la tragedia y la fantasía conviven en la misma calle. Entrar en estos barrios es mirar de frente la mezcla de luces y sombras que alimenta la mitología de esta ciudad.








